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Palacio |
Piedra a piedra se hace historia, los edificios permanecen para el recuerdo y la gloria.Valdecorneja no podía ser excepción |
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Plaza de Toros |
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Torreón de PiedrahítaEsta construcción ubica Sin duda, esto no es una casualidad, y se trata más bien de posicionar los elementos utilizados para telecomunicación utilizados por los ejércitos y la nobleza a finales del siglo XVIII y principios del XIX , desarrollados fundamentalmente en Francia.
EL TELEGRAFO OPTICO, 1800-1850 . La historia del telégrafo queda definida por una evolución en la que se suceden diversas soluciones, en función de las innovaciones tecnológicas: el telégrafo óptico, el eléctrico, la telegrafía sin hilos y otras versiones de la telegrafía como es el caso del teletipo. El pionero es pues el telégrafo óptico. Fue el espíritu científico del mundo de la Ilustración en el siglo XVIII el que auspició una serie de experimentos que culminaron a partir de 1790 con las primeras realidades prácticas.
Claude Chappe había concebido en 1790 un sistema de señales ópticas, a través de las cuales y del correspondiente código, se podían transmitir signos alfabéticos y numéricos a distancia. Presentó su sistema ante la Convención el 22 de mayo de 1792, recibiendo un año más tarde una subvención de 6.000 francos para la construcción de una línea de prueba. En la perfección de su sistema contó Chappe con la inestimable ayuda de Abraham Louis Breguet, relojero suizo que residía en París, quien incorporó algunos dispositivos al primitivo prototipo de Chappe. El éxito de esta primera línea posibilitó la creación de una completa red de telegrafía óptica en Francia, bajo la dirección de Chappe hasta su muerte en 1805. Cuando a mediados del siglo XIX apareció la telegrafía eléctrica, en Francia el entramado de las líneas de la telegrafía óptica alcanzaba casi los 5.000 kilómetros . A raíz de las primeras experiencias de Chappe, varios países comenzaron a ensayar sus propios sistemas de telegrafía óptica. En 1794, los ingleses construyeron varias líneas entre Londres y los puertos del canal de la Mancha (Deal, Portsmouth y Plymouth). La repercusión de este nuevo método de comunicación fue considerable en casi todos los países europeos y en Estados Unidos. La idea de concebir un sistema de transmisión del pensamiento, de manera mucho más rápida y más segura a la del correo de la época, venía gestándose desde el último cuarto del siglo XVIII. Las necesidades militares y las del propio Estado, con una burocracia cada vez más compleja, impulsaban la búsqueda de nuevos y más eficaces medios de comunicación. La publicación en 1785 de la obra Synthematographik, del alemán Bergsträsser, sobre la combinación de signos para la construcción de lenguajes y la aparición de varios métodos para enviar señales a distancia a través de cohetes y otros procedimientos acústicos, prueban la predisposición de un sector de la sociedad ante esta modalidad comunicativa. El telégrafo óptico encontró su máximo desarrollo en la Francia napoleónica, las necesidades militares del Imperio obligaban a una rápida transmisión de las noticias . El sistema de Chappe, probado con fortuna en Valmy, aparecía como el medio más eficaz. Entre 1805 y 1810 se construyeron las líneas París-Lyon-Turín-Milán, París-Brest, Paris-Calais-Boulogne. Durante la restauración borbónica el esfuerzo inversor se paralizó excepción hecha del tendido de la línea Paris-Bordeaux-Bayonne, realizado en 1823. Bajo el gobierno de Luís Felipe la telegrafía óptica asistió a un nuevo impulso, se trataba de crear una red en forma de tela de araña, que garantizará una comunicaciones eficaces del Estado, capaz de unir las plazas fuertes del Norte, los centros comerciales del litoral de La Mancha y las ciudades más importantes del Midi francés. Mientras Francia optaba por un modelo estatal, Gran Bretaña y Estados Unidos se decantaban por un modelo vinculado a la iniciativa privada y Prusia lo hacía por uno de carácter militar. En Gran Bretaña los primeros tendidos de telegrafía óptica fueron impulsados por el gobierno durante las guerras napoleónicas, con el fin de asegurar las comunicaciones entre los puertos y Londres. Tras la derrota de Napoleón, el gobierno británico abandonó en favor de la iniciativa privada la construcción y explotación de la telegrafía óptica. Comerciantes y compañías navieras fueron las protagonistas del desarrollo de la nueva innovación, particularmente el Comité de los Docks de Liverpool, interesados en la rápida comunicación de las llegadas y partidas de los barcos mercantes. En Estados Unidos el modelo fue similar. En 1800 entró en funcionamiento el primer sistema norteamericano de telegrafía óptica entre la ciudad de Boston y una isla próxima, con el fin de anunciar la llegada de los navíos. En 1812 Nueva York y la costa de Sandy Hook quedaban enlazadas. La telegrafía óptica en Estados Unidos no fue más allá de las ciudades costeras del Atlántico, la construcción de una auténtica red tuvo lugar con la llegada del telégrafo eléctrico. En Prusia la telegrafía óptica nació de la mano de las necesidades militares y políticas. Fue el Estado Mayor prusiano quién en 1832 tomó la iniciativa, construyendo una línea entre París y Coblenza, destinada a unir Prusia con la Renania , que asegurará una rápida comunicación de Prusia con Francia y Gran Bretaña. Lo tardío de la fecha hizo que la telegrafía óptica no tuviera un mayor desarrollo en Prusia.
A mitad de camino entre la anterior variedad de proyectos teóricos y lo que luego serán primeras líneas de telegrafía óptica en funcionamiento, se encuentra la figura omnipresente de Agustín de Betancourt. Fue uno de los científicos españoles favorecidos por el Conde de Floridablanca, cuyo apoyo le permitió ampliar sus estudios en la capital francesa. Durante su primera estancia de 1781 a 1784, hizo amistad con el relojero suizo A.L. Breguet, colaborador de Chappe en el diseño del nuevo invento. Esta circunstancia posibilitó que el ingeniero canario siguiera de cerca los avatares del telégrafo óptico, del que conoció las dos principales versiones: la francesa por medio de la correspondencia con Breguet y la inglesa al encontrarse viviendo en Londres de 1793 a 1796, años en los que George Murray estaba construyendo su propia versión del telégrafo óptico en Inglaterra. Sus dudas ante la efectividad de ambos sistemas le indujeron a idear un nuevo tipo de telégrafo, que enseñó a su amigo Breguet a su regreso a París en 1796. Juntos perfeccionaron el invento, presentándolo ante la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. A pesar de los elogios y respaldos conseguidos, la oposición frontal de Chappe, entonces en la Jefatura de los Telégrafos franceses, hizo imposible que Francia adoptase el sistema ideado por Betancourt y Breguet.
Vuelto Betancourt a España, con el apoyo de Urquijo Ministro de Estado, consiguió de Carlos IV una Real Orden, con fecha de 17 de febrero de 1799, por la que se aprobaba el Proyecto para la instalación del telégrafo óptico en España. Posiblemente el tramo Madrid-Aranjuez fue el único que se construyó en esas fechas, entrando en funcionamiento a partir de agosto de 1800. En los primeros años del siglo XIX funcionó en Cádiz un telégrafo óptico de carácter estrictamente militar, creado por Francisco Hurtado, teniente coronel de Ingenieros. El sistema de tipo semafórico, muy parecido al que luego utilizaron los ferrocarriles, se instaló a partir de 1805 en cuatro líneas, que unían Cádiz con Sanlucar de Barrameda, Medina Sidonia, Chiclana y Jerez, algunas de las cuales se mantuvieron en funcionamiento hasta 1820. Información obtenida de la pagina de: Luis Enrique Otero Carvajal Profesor Titular de Historia Contemporánea. Universidad Complutense. Madrid.
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